Las madres y sus bebés se enfrentan a la inseguridad alimentaria; el Congreso debe tomar medidas

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El siguiente artículo de opinión, firmado por Lisa David, presidenta y directora ejecutiva de PHS, se publicó en The Hill el 8 de septiembre de 2020.

Las comidas escolares gratuitas o a precio reducido son fundamentales para la salud de los alumnos, especialmente de los de bajos ingresos, y esta consideración ha influido en el debate sobre la reapertura de los colegios durante la pandemia. Pero, ¿qué pasa con los bebés, los niños pequeños y los niños que aún no tienen edad para ir al colegio? ¿De dónde sacan la comida si sufren inseguridad alimentaria en casa?

A medida que las repercusiones económicas de la pandemia del coronavirus siguen pasando factura, las familias desfavorecidas se enfrentan a dificultades económicas aún mayores, y ahora muchas familias con niños pequeños que antes gozaban de estabilidad económica tienen dificultades para llevar comida a la mesa. Si la idea de que haya bebés pasando hambre no es suficiente para que los responsables políticos pasen a la acción, al menos deberían preocuparse por las consecuencias a largo plazo de la inseguridad alimentaria en la primera infancia. Invertir en el acceso a los alimentos a través del programa WIC (Programa de Nutrición Suplementaria para Mujeres, Bebés y Niños) para las mujeres embarazadas y los niños pequeños reportará beneficios para la salud de los estadounidenses durante mucho tiempo.

Una nutrición deficiente en los niños, especialmente en los más pequeños, puede tener consecuencias que duren toda la vida. La inseguridad alimentaria seasocia conretrasos en el desarrollo de los niños pequeños, problemas de comportamiento, riesgo de padecer ciertas enfermedades crónicas y un menor rendimiento académico. Por otro lado, una buena nutrición en las mujeres embarazadasfavoreceel desarrollo fetal y puede ayudar a prevenir la diabetes gestacional, el aumento de peso excesivo, la hipertensión y la anemia en las madres. La primera infancia es también un momento crucial para que los niños adquieran hábitos saludables.

Por desgracia, carecer de dinero y recursos suficientes para comprar alimentos es algo lamentablemente habitual en circunstancias normales —en 2018 afectabaa uno de cada nueve estadounidenses—y se ha vuelto aún más frecuente durante la pandemia. Es probable queuno de cada cuatroniños se enfrente a la inseguridad alimentaria este año y, como consecuencia, toda nuestra sociedad notará las repercusiones.

Los datos revelan que las madres primerizas y los niños pequeños están pasando por dificultades en estos momentos. Como organización sin ánimo de lucro que gestiona el mayor programa comunitario WIC del estado de Nueva York, hemos realizado una encuesta entre nuestros usuarios que ha puesto de manifiesto que las mujeres y los niños pequeños que ya se encontraban en situación de vulnerabilidad y que recurren al WIC se enfrentan a importantes obstáculos para acceder al empleo, a la atención sanitaria y a la alimentación como consecuencia de la pandemia, incluso ahora que la ciudad de Nueva York está reabriendo.

Aunque la mayoría de las familias beneficiarias del programa WIC trabajaban antes del inicio de la pandemia, casi el 80 % de las personas que respondieron a nuestra encuesta experimentaron un cambio en su situación laboral como consecuencia de la COVID-19; de ellas, el 71 % perdió su empleo, el 17 % sufrió una reducción de la jornada laboral y el 10 % sufrió una reducción salarial. Muchas mujeres han sido despedidas o se encuentran en situación de desempleo temporal, y las dificultades económicas resultantes les están dificultando poder costearse necesidades básicas como la alimentación y la vivienda. A pesar de que el Departamento de Agricultura ha concedido exenciones para permitir más sustituciones de los alimentos prescritos por el WIC, resulta difícil encontrar productos del WIC como la leche de fórmula y los cereales ricos en nutrientes: aproximadamente la mitad de los encuestados (el 51 %) señaló que la pandemia ha hecho más difícil conseguir productos cubiertos por el WIC en el supermercado.

Como consecuencia, estos padres están preocupados. Lo que más preocupaba a los encuestados era su salud o la de su familia (71,9 %), el alquiler o la vivienda (62,2 %), el empleo (52,9 %), disponer de alimentos suficientes (43,3 %), sus prestaciones del programa WIC (32,2 %) y el acceso a la asistencia sanitaria (26,8 %). El embarazo y la maternidad reciente ya pueden ser una etapa estresante para muchas mujeres, y el impacto de la pandemia lo ha hecho aún más difícil.

Muchos de estos problemas y preocupaciones no son exclusivos de las madres que acuden al programa WIC, y van mucho más allá de la ciudad de Nueva York, extendiéndose a todo el país. A nivel nacional,solo la mitadde las madres y los niños que cumplen los requisitos del WIC reciben las prestaciones del programa, lo que significa que millones de madres primerizas y niños pequeños que podrían beneficiarse de la ayuda nutricional no la están recibiendo —y eso en circunstancias normales. Con una tasa de desempleosuperior al 10 %que haafectado de manera desproporcionada a las mujeres, muchas mujeres embarazadas y madres primerizas que antes de la pandemia no tenían bajos ingresos ni se encontraban en situación de riesgo nutricional pueden encontrarse ahora en una situación de vulnerabilidad.

Aparte del programa WIC, el apoyo federal para las mujeres con bajos ingresos y los niños pequeños es escaso; las ayudas gubernamentales relacionadas con la pandemia prácticamente se han esfumado.La nueva orden ejecutivade Trump solo restablece 300 dólares del subsidio de desempleo de 600 dólares y adolece de numerosos problemas, más allá de la insuficiencia de la ayuda. Mientras tanto,según se informa,el secretario del Tesoro, Steve Mnuchin, desconoce por completo el programa WIC, lo que dice mucho de lo mucho que le importan a la administración Trump las mujeres con bajos ingresos. Trump y su gabinete no ofrecen ninguna esperanza, lo que significa que el Congreso debe dar un paso al frente para proporcionar apoyo, y pronto.

El próximo paquete de medidas de estímulo federal quedará incompleto si no incluye protecciones específicas para la salud y el bienestar económico de los más vulnerables. El Congreso debe mantener el apoyo financiero a los beneficiarios del programa WIC, invertir en dar a conocer mejor el programa y ampliar los criterios de acceso al mismo, e inscribir a más personas que cumplan los requisitos en el programa, especialmente a las mujeres indocumentadas y sus familias. Estas medidas podrían parecerse a unproyecto de leybipartidista de principios de mayo que permitía y animaba a los estados a aumentar el valor de los vales en efectivo del programa WIC para la compra de productos frescos.

El Congreso también debe prorrogar laautorización de exenciónque permite a los estados y a las agencias locales del programa WIC adaptar sus servicios durante la pandemia. Muchos estados están prestando ahora sus servicios de forma virtual, mientras que otros ofrecen un servicio de recogida en la acera para reducir el contacto presencial. Si la autorización de exención expira a finales de septiembre, tal y como está previsto, las clínicas del programa WIC tendrán que volver al servicio presencial, lo que expondrá a las mujeres embarazadas, a las madres primerizas y a sus hijos a un mayor riesgo de contraer la COVID-19.

Más allá del programa WIC, las madres primerizas y las embarazadas con bajos ingresos o en situación de desempleo deberían recibir ayudas económicas adicionales que les permitan salir adelante y mantenerse sanas. Cada momento cuenta para los bebés, los niños pequeños y los niños de corta edad: el Congreso debe actuar con rapidez para aprobar el nuevo paquete de ayudas. El desarrollo saludable de nuestra generación más joven depende de ello.