A quien corresponda,
Para muchas mujeres, la lactancia materna no es algo innato; es una habilidad que hay que aprender y practicar, y puede suponer un proceso lleno de dificultades.
Lo descubrí de primera mano hace seis meses, cuando nació mi hijo, Lennox. A medida que me iba acostumbrando a la maternidad, la emoción inicial se convirtió rápidamente en una sensación de agobio e incertidumbre. Producía demasiada leche y me costaba encontrar la postura adecuada para mi bebé. Lo peor de todo era que Lennox no conseguía agarrarse al pecho, y sentía que el tiempo se me echaba encima.
Tengo la suerte de contar con una red de apoyo formada por familiares y amigos, pero el apoyo emocional no es lo mismo que el asesoramiento práctico. Mi madre me amamantó hace tres décadas, y sus recuerdos eran vagos cuando necesitaba respuestas concretas. Mi prima compartió su propia experiencia, pero eso me dejó inquieta, ya que me advirtió del dolor y las complicaciones.
Al principio, dudé en pedir ayuda. Quería disfrutar de la intimidad de la maternidad sin involucrar a nadie más, pero al final de esa primera semana me sentía perdida y aislada. Fue mi marido quien me animó con delicadeza a ponerme en contacto con Public Health Solutions. Recordé haber visto el número de su línea de apoyo a la lactancia materna cuando salí del hospital. Con una mezcla de esperanza y escepticismo, llamé, sin esperar gran cosa.
«La Warmline me cambió la vida. Sé que también podría cambiar la vida de otras madres primerizas».
Para mi sorpresa, me respondió en cuestión de minutos. Amen Ayanru, la directora del programa y una experta asesora en lactancia, se dio cuenta enseguida de lo que me costaba. «Necesitas a alguien que te apoye», me dijo. «Hoy te haré un hueco».
En nuestra reunión, Amen me dio los consejos prácticos que tanto necesitaba: cómo extraerme leche, cómo sujetar a Lennox mientras le daba el pecho y cómo ayudarle a agarrarse bien. Fue un alivio contar por fin con una orientación en la que pudiera confiar. Casi al instante, Lennox empezó a agarrarse bien, y sentí como si me quitara un peso de encima.
Nos reuníamos con regularidad y, más allá de los consejos prácticos, Amen me ofrecía apoyo emocional. Recuerdo una sesión con especial claridad. Llegué sintiéndome abatida porque Lennox se había atragantado mientras le daba el pecho ese mismo día. Me sentía consumida por la culpa, pero Amen me tranquilizó: «Es algo habitual y no es culpa tuya. Lo estás haciendo muy bien. Estás siendo una madre increíble». Su amabilidad me recordó que merecía que me trataran con dignidad, algo que no había experimentado en mi proceso posparto hasta ese momento.
La línea de apoyo a la lactancia materna de Nueva York, dirigida por PHS, supuso un verdadero cambio para mí. Son muchas las madres que desconocen la existencia de servicios como este —o que son gratuitos—, que son posibles gracias a donantes como tú. Las mujeres negras solemos sentir la presión de ser fuertes y autosuficientes, pero necesitamos que nos recuerden que también está bien mostrarse vulnerables. Estoy agradecida de haber cogido el teléfono aquel día. Gracias al apoyo que recibí, puedo ser la madre atenta que quiero ser.
Ahora, con seis meses, Lennox está creciendo muy bien, y Amen sigue manteniéndose en contacto con nosotros. La dedicación del personal de PHS es evidente, y sé que siempre puedo contar con ellos.
La línea de apoyo «Warmline» me cambió la vida y mi experiencia como madre. Sé que también podría cambiar la vida de otras madres primerizas. Tu apoyo puede hacer que eso sea posible. En estos momentos, el personal cuenta con la ayuda de voluntarios. Especialistas en lactancia como Amen trabajan muchas horas para atender las llamadas de las madres. El número de llamadas que ha recibido casi se ha duplicado desde el año pasado.
Una mayor financiación para la Warmline se traduce en más personal, más formación y una mayor concienciación, para que madres como yo puedan recibir la atención que necesitan. Se trata de una labor muy importante. Y tu donación hará que estos servicios estén al alcance de otras madres como yo.
No esperes más. Haz tu donación ahora para ayudar a una madre y a su bebé a recibir el apoyo que necesitan.
Atentamente,
Daisia Glover, participante en Warmline
P.D.: La lactancia materna salva vidas y se asocia con mejores resultados de salud tanto para la madre como para el bebé. En una encuesta reciente, un asombroso 97 % de las madres expresó la necesidad de recibir apoyo para la lactancia. Sin embargo, innumerables mujeres siguen sin saber que la ayuda está a solo una llamada de distancia. Tu donación puede salvar esa brecha, empoderando a las madres de todo Nueva York para que críen a sus bebés con confianza. Juntos, podemos asegurarnos de que ninguna madre se sienta sola en su camino hacia la lactancia materna. Ayúdanos a criar a la próxima generación: dona hoy para marcar una diferencia duradera en las vidas de las madres y sus pequeños.